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La duda de si las emociones afectan a nuestro cuerpo deberían disiparse en el momento que se define “emoción” como el resultado de lo que la mente piensa y el cuerpo siente.

En este artículo voy a explicar, entre otros aspectos, qué es somatizar, cómo somatizamos el dolor y la ansiedad, y qué puedes hacer para reducir los síntomas de la somatización

Pondré varios ejemplos, y este es el primero:

Imagínate en una situación en la que te invaden pensamientos negativos del estilo de “No seré capaz”, “Yo no puedo con esto”, “Soy torpe”, “Total, no lo voy a conseguir…”, “Soy un fracaso/fraude”, “Todo me sale mal”, etc.

¿Puedes identificar cómo reacciona tu cuerpo?

¿Qué postura o movimientos adquiere?

Más allá de un ceño fruncido o unos ojos en blanco, es muy frecuente que la respiración varíe (se vuelva escasa y entrecortada, por ejemplo), que los hombros se encojan y se desplacen hacia delante, que el pecho se hunda por la flexión de la espalda … o que el cuello se acorte…etc.

Y que, al mismo tiempo, los movimientos se vuelvan más rápidos y descoordinados. Más rígidos y continuos.

Éste es el comienzo del proceso de somatización de la emoción.

Qué es la somatización (o somatizar)

Todos, de manera biológica, podemos sentir nuestro cuerpo. Y todos somatizamos las emociones.

Aunque puede suceder que, por motivos traumáticos, la capacidad de sentir el cuerpo se encuentre bloqueada. O que debido al ritmo acelerado de la vida te cueste sentirlo y darse cuenta del inicio o proceso de somatización. Pero esto no significa que el  cuerpo no somatice, si no que no hay consciencia de que ocurre.

El proceso interno de cambios corporales que he comentado ayuda a entender qué es la somatización (o somatizar).

El origen etimológico de la palabra procede la unión de “soma” (del cuerpo) y “tico” (relativo  a).

Actualmente lo somático se define como el cuerpo sentido y vivido desde dentro, y la somatización se refiere a la forma en que perdura en el cuerpo tras el proceso somático.

La somatización es la interacción dinámica y cambiante en la que la historia personal y genética, junto con los pensamientos, actúan sobre nuestra forma física. 

La propia definición deja claro que la somatización es la responsable directa de nuestra postura, gestos, expresiones, forma de relación y de ver el mundo

El dolor psicosomático

Cuando la somatización es muy intensa se define como dolor psicosomático.

En él las reacciones corporales son continuas y, afectan a diferentes zonas del cuerpo superficiales y profundas:

  • Músculos, articulaciones, tendones…
  • Órganos internos
  • Reducción de  la movilidad y funciones fisiológicas
  • Alteraciones del sueño… 

El responsable de esta sintomatología es un factor psíquico (mental, procedente de nuestros pensamientos).

Ejemplos de somatización

Estos son algunos ejemplos de somatización que mis alumnos mencionan cuando se inician en mis clases de educación somática:

  • Migrañas
  • Aceleración del ritmo cardíaco
  • Problemas de piel
  • Malas digestiones, estreñimiento…
  • Contracturas frecuentes y recurrentes
  • Lumbalgias
  • Bruxismo
  • Tics
  • Mareos…

Somatizar la ansiedad

Y, en concreto, quiero dedicar un espacio específico a la somatización de la ansiedad, porque es mi especialidad.

La gran mayoría de mis alumnos llegan a mis clases por la intensidad de los síntomas que experimentan, y con la sensación de que, de seguir en la misma línea, sufrirán un infarto, un desmayo en un momento delicado, o que acabarán perdiendo su trabajo.

Se sienten muy vulnerables y temen por su vida.

Qué causa la somatización y qué síntomas tiene

La causa de la somatización tiene diferentes orígenes. Puede estar en la historia personal, proceder de un factor genético o de los propios pensamientos.

Y también genera síntomas muy diversos y cambiantes. Además de los mencionados anteriormente, puede derivar en:

  • Tensiones musculares frecuentes
  • Dolor articular
  • Tensión arterial elevada
  • Cefaleas
  • Mareos
  • Pulso acelerado
  • Diarrea o estreñimiento
  • Afonía
  • Zumbidos en los oídos
  • Digestiones pesadas, etc.

Ejemplos de enfermedades psicosomáticas

Estos síntomas a su vez pueden llegar a provocar enfermedades consideradas de origen psicosomático. Algunos ejemplos:

  • Fibromialgia
  • Colón irritable
  • Colitis ulcerosa
  • Hipertensión
  • Mentales (ansiedad, hipocondría, obsesiones, etc.)
  • Psoriasis
  • Fatiga crónica, etc

Ejercicios para dejar de somatizar emociones

Como instructora en educación somática quiero proponerte algunos ejercicios para que puedas dejar de somatizar emociones.

Pero con una aclaración  importante:

No puedes dejar de somatizar emociones porque como expliqué al principio, es un proceso biológico del organismo. Dejar de somatizar sería dejar de sentir.

En general, cuando hablamos de dejar de somatizar emociones, hablamos de mejorar el  vínculo corporal (sensorial)  y mental (pensamientos), para crear  una relación mucho más sana entre ellos. De manera que se reduzcan los síntomas y que, cuando los sientas, puedas entender el origen y dar una respuesta más adecuada.

Para “dejar de somatizar emociones” has de:

Conectar, reconocer, sentir y asentir el cuerpo, mente y emociones para poder transformar la relación entre ellos  en una relación amable, amorosa y sana.

Por eso este primer ejercicio:

Ejercicio para conectar y reconocer tu cuerpo

En ambos ejercicios recomiendo:

  • Colócate en un lugar tranquilo y confortable.
  • Si es posible, realiza los ejercicios varias veces al día durante un tiempo.

Para este, en concreto, por ser un audio, utiliza auriculares.

Ejercicio para conectar y reconocer el cuerpo con las manos

Ejercicio para empezar a sentir las señales corporales que emite tu cuerpo

Acuéstate boca arriba sobre una colchoneta o alfombra y colocando tus piernas y brazos estirados a lo largo del cuerpo, lleva la atención hacia tu cuerpo para comenzar a sentir durante unos segundos cada espacio de él.

Percibe el peso, largo, volumen, tensión, relajación de:

  • El brazo derecho
  • La pierna derecha
  • La pierna izquierda
  • El brazo izquierdo
  • La columna
  • La cabeza

Simplemente dedícate a observar aquello que sientes. Sin analizarlo ni juzgarlo.

Si apenas sientes o no sientes nada, no te preocupes, es algo habitual cuando no tienes costumbre. Con la práctica (yo lo llamo entrenamiento) lograrás ser más consciente de lo que pasa por tu cuerpo.

Si deseas dejar de somatizar tus emociones de la forma que lo haces y vivir sin esos dolores diarios y con la mente en calma, te invito a que te unas al club de entrenamiento somático.

Es un espacio virtual en el que facilito un entrenamiento semanal para que puedas progresar en la consciencia corporal y mental, desarrollando anclas corporales que te permitan vivir con naturalidad y comprendiendo la relación mente-cuerpo.

Inscribiéndote a mi newsletter, puedes probarlo el primer mes con un 50% de descuento (10€/mes).

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